A solo una hora de Mendoza, el desierto de Lavalle propone una experiencia única: dormir bajo un cielo estrellado, en carpas geodésicas con todas las comodidades. Los visitantes disfrutan cenas regionales, fogones nocturnos y observación astronómica guiada.
El turismo de naturaleza gana fuerza entre quienes buscan desconectarse del ruido urbano y reconectar con lo esencial. Cada noche, el silencio del desierto y la inmensidad del cielo regalan un espectáculo que ningún viajero olvida.

